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¡No me pise las matas!

Por fortuna, nuestro anecdotario familiar siempre se ha enunciado alrededor del comedor, si es que de algún modo se le puede llamar comedor, pues para nuestras circunstancias que otros llaman clase social (la de muchos), un comedor son tres tablas anchas, cuatro patas de palo, un mantelito de flores (como esos que están de moda en las faldas de mis amigas) y cuatro taburetes; de los cuales dos están cojos y uno cuñado con un pedazo de papel. No obstante, anécdotas van, vienen y se cuentan entre risas, porque hasta la mayor calamidad termina siendo chiste. Después de un tiempo cualquier caída es máximo un sonrojo o preferiblemente una docena de carcajadas. En alguna época, impúber todavía, tuve a la mano un machete cuyo filo cortante eran grumos de óxido. Era un machete que no se dejaba zarandear así como así, resistía, costaba sangre su empuñadura por su mal estado y vejez. Sin reparar la herramienta me dejé ir contra el jardín de mi mamá, plantas medicinales y flores de verdad (no com

Acciones que cuentan

  Fotos tomadas para la Asociación Palco