-->

Últimos testigos - Svetlana Aleksiévich

Alguna vez navegando en twitter me detuve en el tuit de un usuario, en pocas palabras manifestó que la lectura varias veces le había salvado la vida, por supuesto no entendía plenamente cómo lo había hecho. Sin embargo, luego de abandonar los libros por dos o tres años vuelvo al papel y la sensación de retomar la lectura es como un ancla a tierra firme, me ha ayudado a recuperar un enfoque que siento había perdido. Como mínimo, he reforzado la capacidad de concentración que sin darme cuenta ha fallado muchas veces.


De la lectura sólo tengo buenos recuerdos, el placer de leer es de esas cosas aburridas que siempre debería contar a mis amigos, no porque me haga quedar bien sino porque al enunciarlo es doble placer. Por ello ha vuelto la vieja idea de alimentar un blog, una bitácora hecha con texto escrito, como ya no es costumbre.

Vuelvo a la lectura con un libro más que recomendado, un género que da cuenta de los hechos con alta nitidez, transfiere el dolor de la memoria a nuestra cómoda vida y casi  que conserva la humedad de las lágrimas de cada persona que tuvo la valentía de recordar. Últimos testigos es una parte de la obra de Svetlana Aleksiévich cuyo género no se ubica a la primera, clasificado en librerías como "no ficción" me veo en la no penosa necesidad de unirme a la voz de Martín Caparrós cuando afirmó que este tipo de obras, incluyendo la autora en cuestión,  precisan de un nombre; nombrar una obra de este calibre con una negación, identificarla sólo por lo que no es, precisa retomar las palabras de Caparrós cuando dice que "es un poco humillante", por lo tanto, me adscribo a su propuesta de llamarlo por un nombre más cercano a lo que si es: "aún con reticencias, esperando algo mejor, voto por  crónica".

Elegir este libro para retomar el hábito de la lectura fue fácil, primero que todo porque ya lo había hojeado con anterioridad y por otro lado, la segunda guerra mundial es un tema del cual no deberíamos estar orgullosos pero si deberíamos estudiarla para seguir enmendando errores, errores que a veces siento que estamos ad portas de repetir. Abordar las guerras y sobre todo ésta de la cual todavía quedan vestigios es un ejercicio reflexivo, un rezo a la historia, una plegaria de rodillas a si mismos (como sociedad) para no repetir.

Últimos testigos es un texto que en si mismo posee cientos de fracciones que servirían de título, opciones que sin reparo engloban lo que en esencia es, sin embargo, el título elegido por la autora  maximiza su relevancia por su valor histórico, pues se trata de la última generación que en vida puede hablarnos de un sufrimiento que parece irreal, sin embargo, hay toneladas de aprendizajes que son sólo posibles por la hazaña de Aleksiévich de  documentar los relatos de quienes en su momento perdieron la oportunidad de ser niños, seres que de un día para otro dejaron de serlo para encargarse de no morir, personas que perdieron el miedo a la muerte y otros que ni siquiera tuvieron tiempo de temer porque simplemente sus primeros recuerdos están bañados con sangre.

Vi cosas que no se deben ver,
cosas que un ser humano no debe ver
y las vi siendo un niño.
Iura Karpóvich
Cada fracción del libro corta la respiración, saber de niños que escucharon por primera vez los misiles destruyendo sus aldeas antes que la palabra guerra, palabra que repiten con dolor y que se leen con desaliento por saber de quienes pagaron por un pasado que no vivieron, por un presente que no construyeron, y por si fuera poco, sufrir en vida todas las consecuencias de lo absurdo, lo más absurdo: la guerra.

Los relatos en el libro son las palabras de lo vivido, no hay figuras ni artificios literarios que sumen ni resten a la realidad, en un lenguaje natural se describe ese mundo desgarrado que no debió ser. Cada relato tiene el dolor que cada persona se permitió volver a sentir, ni faltan ni sobran palabras, son páginas con la mayor valentía que un ser humano pueda experimentar después de vivir lo que cada renglón nos cuenta.

Por último, cabe recordar que el libro es la materialización de lo que muchos llamaron "un milagro", teniendo en cuenta que son las palabras de quienes sobrevivieron, pero en el fondo también es la historia de quienes no sobrevivieron a la banalidad del mal.

Vuelvo a la lectura con la esperanza de salvar mi vida, de ganar enfoque y no perder el rumbo, lo que si es un poco irónico es volver a ella con las historias de un mundo que en cierto momento perdía el rumbo y que hasta hoy todavía no se si nos enfocamos en lo correcto.

Publicar un comentario