Ir al contenido principal

¡No me pise las matas!

En alguna época, impúber todavía, tuve a la mano un machete cuyo filo cortante eran grumos de óxido. Era un machete que no se dejaba zarandear así como así, resistía, costaba sangre su empuñadura por su mal estado y vejez. Sin reparar la herramienta me dejé ir contra el jardín de mi mamá, plantas medicinales y flores de verdad, esos pequeños besos de colores y la posible cura contra el cáncer fueron víctimas de mis ganas angelicales de ser un campesino agreste, de los que si. Les juro que por mi mente se paseaba el deseo de querer ser el hombre de la casa, un man de pelo en pecho, pero terminé dándome golpes de pecho: mea culpa!.


Mamá sólo alcanzó a perdonarme tal sacrilegio, pues cuando me convocó, este Katrina de pueblo ya había despelucado la ruda y el limoncillo, ni que decir al otro extremo la cebolla y la col: ya se recostaban sueltas sobre el cilantro que tampoco sobrevivió. Fue la peor tarea para mamá perdonarme la enredadera de cidras, pues con toda dedicación la desenredé para quitarle el peso y la joroba de la cerca al final del rastrojero. No sobrevivió ni el culantro que es capaz de crecer encima de una mierda de vaca, ¡pobre!.

El trabajo de meses, quizá años de dedicación se perdió en menos de un jornal, no tuve necesidad de unas botas machas ni fue preciso restregar contra mi cara un colorado de tela, el famoso dulce abrigo que secaría mi sudor. En unos minutos y como si fuera de apellido Peñalosa, borré todo atisbo de fotosíntesis que hubiere a mi paso. Mi suerte no tiene comparación, hubo compasión por mi cara de sorprendido, en serio que yo todavía estaba convencido y orgulloso de mi futuro como jardinero guadañador.

En la escuela acostumbraba decir que cuando fuera grande quería ser astronauta, pero mi alma me carcomía a gritos revelándome que lo mio era la guadaña, el machete, el rastrillo y la pala.

Es evidente que mi perspectiva infantil sólo alcanzaba para dejar a un mismo nivel de importancia tales oficios, desprevenido aspiraba a ambos como si sólo se tratara de escoger, no dimensionaba la dificultad de uno de los dos, el más complejo cuyas ciencias que lo componen no están a a la altura ni al alcance de todos, aquél oficio donde muchos son los llamados pero pocos los escogidos, ése del que tanto dudamos a veces debido a sus misterios, grandeza y particularidades, en efecto no consideré la supremacía de un área del conocimiento cuyos descubrimientos nos da placer a la imaginación, la jardinería por supuesto!

Ni jardinero ni astronauta. Ahora soy yo el que grita para emular autoridad: ¡Bájese de ahí!, ¡Muchacho pordios! ¡Entre que no le voy a pegar! y por los siglos de los siglos ¡No me pise las matas!

Comentarios

Entradas populares de este blog

Un Youtuber del hipertexto

Dicen que las bitácoras (o blogs) están pasadas de moda, pero cada vez que se dice se hacen más fuertes. Podríamos comprobarlo por el crecimiento de nuevas plataformas como  Medium ,  Substack ,  TinyLetter  etc. o con tecnologías de código abierto como  Jekyllrb   o  Amplify  y otro tipo de medios que se usan para publicar los textos diarios, memorias de aprendizaje, bitácoras de aula, entre muchas otras cosas para las cuales el formato blog parece ser la mejor opción, éstas nuevas plataformas de la lista demuestran que el formato texto sobrevive a la oleada multimedial creciente en la década del 2010. Las plataformas tradicionales se sostienen, unas con más fuerza que otras. Indudablemente Blogger con el famoso ".blogspot.com" no ha tenido mucha suerte, algunos señalan con muchos argumentos que Google podría eliminar éste servicio en cualquier momento, tal como lo ha hecho con otros servicios que por salir de sus planes y estrategias son aniquilados de su suite, dejand

Últimos testigos - Svetlana Aleksiévich

Alguna vez navegando en twitter me detuve en el tuit de un usuario, en pocas palabras manifestó que la lectura varias veces le había salvado la vida, por supuesto no entendía plenamente cómo lo había hecho. Sin embargo, luego de abandonar los libros por dos o tres años vuelvo al papel y la sensación de retomar la lectura es como un ancla a tierra firme, me ha ayudado a recuperar un enfoque que siento había perdido. Como mínimo, he reforzado la capacidad de concentración que sin darme cuenta ha fallado muchas veces. De la lectura sólo tengo buenos recuerdos, el placer de leer es de esas cosas aburridas que siempre debería contar a mis amigos, no porque me haga quedar bien sino porque al enunciarlo es doble placer. Por ello ha vuelto la vieja idea de alimentar un blog , una bitácora hecha con texto escrito, como ya no es costumbre. Vuelvo a la lectura con un libro más que recomendado, un género que da cuenta de los hechos con alta nitidez, transfiere el dolor de la memoria a nues

El puente colgante

Hay una palabra que a mi modo de ver representa el territorio y la cotidianidad de los vegachienses, hablo de la palabra "Puente". De madera, de metal y ahora de cemento. Sin embargo, los puentes colgantes de mi pueblo son como un tatuaje en la memoria, para mi son un símbolo del espacio que viví en Vegachí, incluso para la región de Colombia los puentes colgantes fueron sinónimo de progreso en épocas no muy antiguas. Actualmente el occidente de Antioquia protege su puente colgante como un tesoro invaluable para la cultura y la economía de su población. Antiguo puente colgante Barrio Hawai - Vegachí 2008 Yo sólo hago un homenaje muy personal al puente colgante por donde corrí, brinqué y di mis primeros besos de adolescente. #PueblosdeAntioquia