ABCDiego
Reciente
Cargando...

2020-01-25

Últimos testigos - Svetlana Aleksiévich

Alguna vez navegando en twitter me detuve en el tuit de un usuario, en pocas palabras manifestó que la lectura varias veces le había salvado la vida, por supuesto no entendía plenamente cómo lo había hecho. Sin embargo, luego de abandonar los libros por dos o tres años vuelvo al papel y la sensación de retomar la lectura es como un ancla a tierra firme, me ha ayudado a recuperar un enfoque que siento había perdido. Como mínimo, he reforzado la capacidad de concentración que sin darme cuenta ha fallado muchas veces.


De la lectura sólo tengo buenos recuerdos, el placer de leer es de esas cosas aburridas que siempre debería contar a mis amigos, no porque me haga quedar bien sino porque al enunciarlo es doble placer. Por ello ha vuelto la vieja idea de alimentar un blog, una bitácora hecha con texto escrito, como ya no es costumbre.

Vuelvo a la lectura con un libro más que recomendado, un género que da cuenta de los hechos con alta nitidez, transfiere el dolor de la memoria a nuestra cómoda vida y casi  que conserva la humedad de las lágrimas de cada persona que tuvo la valentía de recordar. Últimos testigos es una parte de la obra de Svetlana Aleksiévich cuyo género no se ubica a la primera, clasificado en librerías como "no ficción" me veo en la no penosa necesidad de unirme a la voz de Martín Caparrós cuando afirmó que este tipo de obras, incluyendo la autora en cuestión,  precisan de un nombre; nombrar una obra de este calibre con una negación, identificarla sólo por lo que no es, precisa retomar las palabras de Caparrós cuando dice que "es un poco humillante", por lo tanto, me adscribo a su propuesta de llamarlo por un nombre más cercano a lo que si es: "aún con reticencias, esperando algo mejor, voto por  crónica".

Elegir este libro para retomar el hábito de la lectura fue fácil, primero que todo porque ya lo había hojeado con anterioridad y por otro lado, la segunda guerra mundial es un tema del cual no deberíamos estar orgullosos pero si deberíamos estudiarla para seguir enmendando errores, errores que a veces siento que estamos ad portas de repetir. Abordar las guerras y sobre todo ésta de la cual todavía quedan vestigios es un ejercicio reflexivo, un rezo a la historia, una plegaria de rodillas a si mismos (como sociedad) para no repetir.

Últimos testigos es un texto que en si mismo posee cientos de fracciones que servirían de título, opciones que sin reparo engloban lo que en esencia es, sin embargo, el título elegido por la autora  maximiza su relevancia por su valor histórico, pues se trata de la última generación que en vida puede hablarnos de un sufrimiento que parece irreal, sin embargo, hay toneladas de aprendizajes que son sólo posibles por la hazaña de Aleksiévich de  documentar los relatos de quienes en su momento perdieron la oportunidad de ser niños, seres que de un día para otro dejaron de serlo para encargarse de no morir, personas que perdieron el miedo a la muerte y otros que ni siquiera tuvieron tiempo de temer porque simplemente sus primeros recuerdos están bañados con sangre.

Vi cosas que no se deben ver,
cosas que un ser humano no debe ver
y las vi siendo un niño.
Iura Karpóvich
Cada fracción del libro corta la respiración, saber de niños que escucharon por primera vez los misiles destruyendo sus aldeas antes que la palabra guerra, palabra que repiten con dolor y que se leen con desaliento por saber de quienes pagaron por un pasado que no vivieron, por un presente que no construyeron, y por si fuera poco, sufrir en vida todas las consecuencias de lo absurdo, lo más absurdo: la guerra.

Los relatos en el libro son las palabras de lo vivido, no hay figuras ni artificios literarios que sumen ni resten a la realidad, en un lenguaje natural se describe ese mundo desgarrado que no debió ser. Cada relato tiene el dolor que cada persona se permitió volver a sentir, ni faltan ni sobran palabras, son páginas con la mayor valentía que un ser humano pueda experimentar después de vivir lo que cada renglón nos cuenta.

Por último, cabe recordar que el libro es la materialización de lo que muchos llamaron "un milagro", teniendo en cuenta que son las palabras de quienes sobrevivieron, pero en el fondo también es la historia de quienes no sobrevivieron a la banalidad del mal.

Vuelvo a la lectura con la esperanza de salvar mi vida, de ganar enfoque y no perder el rumbo, lo que si es un poco irónico es volver a ella con las historias de un mundo que en cierto momento perdía el rumbo y que hasta hoy todavía no se si nos enfocamos en lo correcto.

2020-01-15

El puente colgante

Hay una palabra que a mi modo de ver representa el territorio y la cotidianidad de los vegachienses, hablo de la palabra "Puente".


De madera, de metal y ahora de cemento. Sin embargo, los puentes colgantes de mi pueblo son como un tatuaje en la memoria, para mi son un símbolo del espacio que viví en Vegachí, incluso para la región de Colombia los puentes colgantes fueron sinónimo de progreso en épocas no muy antiguas. Actualmente el occidente de Antioquia protege su puente colgante como un tesoro invaluable para la cultura y la economía de su población.

Antiguo puente colgante Barrio Hawai - Vegachí 2008

Yo sólo hago un homenaje muy personal al puente colgante por donde corrí, brinqué y di mis primeros besos de adolescente. #PueblosdeAntioquia

2020-01-14

¡No me pise las matas!

En alguna época, impúber todavía, tuve a la mano un machete cuyo filo cortante eran grumos de óxido. Era un machete que no se dejaba zarandear así como así, resistía, costaba sangre su empuñadura por su mal estado y vejez. Sin reparar la herramienta me dejé ir contra el jardín de mi mamá, plantas medicinales y flores de verdad, esos pequeños besos de colores y la posible cura contra el cáncer fueron víctimas de mis ganas angelicales de ser un campesino agreste, de los que si. Les juro que por mi mente se paseaba el deseo de querer ser el hombre de la casa, un man de pelo en pecho, pero terminé dándome golpes de pecho: mea culpa!.


Mamá sólo alcanzó a perdonarme tal sacrilegio, pues cuando me convocó, este Katrina de pueblo ya había despelucado la ruda y el limoncillo, ni que decir al otro extremo la cebolla y la col: ya se recostaban sueltas sobre el cilantro que tampoco sobrevivió. Fue la peor tarea para mamá perdonarme la enredadera de cidras, pues con toda dedicación la desenredé para quitarle el peso y la joroba de la cerca al final del rastrojero. No sobrevivió ni el culantro que es capaz de crecer encima de una mierda de vaca, ¡pobre!.

El trabajo de meses, quizá años de dedicación se perdió en menos de un jornal, no tuve necesidad de unas botas machas ni fue preciso restregar contra mi cara un colorado de tela, el famoso dulce abrigo que secaría mi sudor. En unos minutos y como si fuera de apellido Peñalosa, borré todo atisbo de fotosíntesis que hubiere a mi paso. Mi suerte no tiene comparación, hubo compasión por mi cara de sorprendido, en serio que yo todavía estaba convencido y orgulloso de mi futuro como jardinero guadañador.

En la escuela acostumbraba decir que cuando fuera grande quería ser astronauta, pero mi alma me carcomía a gritos revelándome que lo mio era la guadaña, el machete, el rastrillo y la pala.

Es evidente que mi perspectiva infantil sólo alcanzaba para dejar a un mismo nivel de importancia tales oficios, desprevenido aspiraba a ambos como si sólo se tratara de escoger, no dimensionaba la dificultad de uno de los dos, el más complejo cuyas ciencias que lo componen no están a a la altura ni al alcance de todos, aquél oficio donde muchos son los llamados pero pocos los escogidos, ése del que tanto dudamos a veces debido a sus misterios, grandeza y particularidades, en efecto no consideré la supremacía de un área del conocimiento cuyos descubrimientos nos da placer a la imaginación, la jardinería por supuesto!

Ni jardinero ni astronauta. Ahora soy yo el que grita para emular autoridad: ¡Bájese de ahí!, ¡Muchacho pordios! ¡Entre que no le voy a pegar! y por los siglos de los siglos ¡No me pise las matas!

Un Youtuber del hipertexto

Dicen que las bitácoras (o blogs) están pasadas de moda, pero cada vez que se dice se hacen más fuertes. Podríamos comprobarlo por el crecimiento de nuevas plataformas como MediumSubstackTinyLetter etc. o con tecnologías de código abierto como Jekyllrb  o Amplify y otro tipo de medios que se usan para publicar los textos diarios, memorias de aprendizaje, bitácoras de aula, entre muchas otras cosas para las cuales el formato blog parece ser la mejor opción, éstas nuevas plataformas de la lista demuestran que el formato texto sobrevive a la oleada multimedial creciente en la década del 2010.


Las plataformas tradicionales se sostienen, unas con más fuerza que otras. Indudablemente Blogger con el famoso ".blogspot.com" no ha tenido mucha suerte, algunos señalan con muchos argumentos que Google podría eliminar éste servicio en cualquier momento, tal como lo ha hecho con otros servicios que por salir de sus planes y estrategias son aniquilados de su suite, dejando huerfanos a un puñado de usuarios activos.  El caso más llamativo en esta década que se va fue Google Reader, esta plataforma marcó un hito en el cambio de hábitos a la hora de ordenar lecturas de suscripciones a páginas web (sobre todo blogs), al ser eliminada y en medio de las protestas de los internautas, se dio paso a los quince minutos de fama para Feedly y Flipboard, justo por esos días iban con un crecimiento interesante.

A pesar de lo anterior, Enrique Dans, uno de los blogueros más reconocidos en habla hispana prevee un futuro donde los espacios sociales digitales se darán en plataformas propias como "blogs personales" donde no seas el producto y más bien tu mismo pongas los límites de privacidad de acuerdo con el tipo de relación que se tenga con la audiencia. Dicha predicción de Enrique Dans hace un reconocimiento a la importancia del formato desde un punto de vista histórico, si bien dicha relevancia ha menguado, hasta hace pocos años la actividad del bloggin ha cultivado nichos literarios como lo consultan en un artículo publicado en la revista Sociocriticism de la Universidad de Córdoba, en éste se concluye de cierto modo que el formato blog tiene relevancia en la democratización de la poesía, ya que prescindir del papel físico y llevarlo al ámbito digital conlleva (todavía) al aumento del volumen tanto en publicación como en lectura de poesía.

Entre otros asuntos, ¿Valdrá la pena seguirse preguntando cuántos libros lees en el año?, de antemano deberíamos considerar que leemos todo el tiempo en teléfonos y computadoras.

Como primera publicación hago alusión al blog porque desde hace muchos años me atrae la idea de las bitácoras, es una gran manera de reforzar la memoria y enfocarse en temas determinados, algunos de interés general y otros muy personales.Un poco más de 25 años después de los primeros blogs me apunto a la vieja moda del texto y el hipertexto, quizá la falta de vanidad me impide jugar al Youtuber en tiempos del rey vídeo.

Si llegas a esta línea, te doy la bienvenida a mi bitácora y te invito a suscribirte, así nos conversamos desde la bandeja de entrada de tu email.
-----

Newletter

Suscripción para recibir todos los asuntos en el correo electrónico

Featured

[Featured][recentbylabel2]

Featured

[Featured][recentbylabel2]
Notification
Nota de notificación... escribir aquí
OK